CES 2026 impulsa el sextech hacia una etapa más visible y diversificada, donde convergen IA, robótica y soluciones de salud sexual. La feria de Las Vegas (6-9 de enero de 2026) mostró cómo empresas y startups buscan colocar productos eróticos bajo el paraguas de “Health & Wellness”, mezclando entretenimiento, bienestar y terapia.
La combinación de muñecas con memoria adaptativa, masturbadores sincronizables y wearables médico‑sexuales evidenció que el sector no es solo novedad tecnológica: aspira a regulaciones, ensayos clínicos y nuevos modelos de negocio. Al mismo tiempo, el debate público sobre ética, privacidad y seguridad se intensificó entre medios y profesionales.
Panorama general en CES: sextech como salud conectada
En CES 2026 la presencia del sextech fue notable dentro de los pabellones dedicados a salud y bienestar. La feria, dominada por la narrativa de la IA y la robótica, ofreció un escaparate para productos con componentes médicos y conectividad Bluetooth, lo que facilitó la visibilidad de propuestas híbridas entre ocio y terapia.
Los medios destacaron que la normalización del sector viene acompañada de esfuerzos por validar clínicamente algunos dispositivos y por integrar funciones de bienestar: desde memoria adaptativa en muñecas IA hasta parches de neuromodulación para el control eyaculatorio. Esta agenda hizo que el sextech dejara de ser un simple capítulo de gadgets para convertirse en parte de la industria de la salud digital.
La convergencia se refleja también en los números: informes de mercado (GMI, Statista y otros) sitúan el mercado global de sex‑toys cerca de USD 46 mil millones en 2025 y proyectan unos USD 49 mil millones en 2026, con un crecimiento anual compuesto (CAGR) en torno al 8, 8.4%, impulsado por dispositivos inteligentes e integración IA.
Lovense y la muñeca AI «Emily»: evolución física de los compañeros virtuales
Lovense presentó en CES 2026 su “AI Companion Doll” llamada Emily: una muñeca de tamaño real que incluye IA con capacidad de “recordar” interacciones, expresiones faciales limitadas y movimiento ligero de la boca al hablar. Según la marca, Emily se integra vía Bluetooth con el ecosistema Lovense y ofrece alrededor de 8 horas de autonomía por carga.
La compañía posicionó a Emily como “la evolución física de los compañeros virtuales”; Engadget recogió esa idea y citó el énfasis de Lovense en la memoria adaptativa y la integración con su app/ecosistema. En el booth la muñeca se promocionó además como posible ayuda frente a la soledad o la emocionalidad, lo que avivó el debate ético sobre los límites entre compañía y sustitución afectiva.
En términos comerciales Lovense cobró cargos por reserva anticipada reportados en torno a ≈ $200 en listas de espera. La propuesta combina hardware corporeizado con servicios en la nube y plantea preguntas importantes sobre privacidad, seguridad de datos y la responsabilidad de las empresas frente a usuarios vulnerables.
Masturbadores inteligentes: sincronización y continuidad de la demanda
Los masturbadores inteligentes siguieron siendo protagonistas: Lovense continúa impulsando modelos como el Solace Pro, que incorpora tecnología “AI Sync” para sincronizar movimiento con vídeo y contenido interactivo. Este tipo de productos se listan en retailers y medios como dispositivos de gama alta, con precios observados alrededor de €170, €199 (o $170, $199 según canal y región).
Otro ejemplo de continuidad en la categoría es Handy 2 / Handy 2 Pro, heredero del popular masturbador automático The Handy, con lanzamiento y entrega pública anunciada para febrero de 2026. Su aparición confirma una demanda sostenida por automatización y experiencia inmersiva en el segmento masculino.
Además de entretenimiento, fabricantes están buscando integrar IA para adaptar patrones y sincronizar contenidos, lo que abre posibilidades para aplicaciones terapéuticas y de bienestar sexual, pero también agrava los retos de seguridad y privacidad cuando estos juguetes se conectan a apps o servicios en la nube.
Neuromodulación para la eyaculación: Mor (Morari) y la vía clínica
En CES 2026 Morari Medical mostró “Mor”, un parche wearable de neuromodulación diseñado para el control de la eyaculación y la salud sexual masculina. En su stand hubo demo de prototipo y datos preliminares de un estudio de parejas, apuntando a un enfoque terapéutico respaldado por evidencia.
The Verge documentó que Mor obtuvo clearance de la FDA en febrero de 2025; se describió como un sistema compuesto por un generador recargable y parches de un solo uso, y se reportaron precios aproximados: starter pack ≈ $300 y parches de reposición ≈ $15 cada uno. Jeff Bennett, CEO de Morari, explicó la decisión regulatoria: «We decided to bite the bullet and say, ‘Let’s make sure we check that box so that the market, clinicians and consumers can feel comfortable…'»
La búsqueda de clearance muestra una tendencia clara: algunas empresas optan por la senda clínica para ganar credibilidad entre clínicos y usuarios, obligando al sector a enfrentar tanto los requisitos regulatorios como la necesidad de ensayos que demuestren eficacia y seguridad.
Dispositivos para la disfunción eréctil y anillos constrictores: entre terapia y riesgo
Existen ejemplos comerciales de dispositivos aprobados o registrados para disfunción eréctil: “Eddie” (Giddy) se vende como dispositivo wearable para ED registrado como Class II y según su web es elegible para HSA/FSA, presentándose como alternativa no farmacológica para mantener la erección. Esto refleja cómo algunos sextech se integran con la medicina convencional.
También hay anillos y soportes que cumplen funciones lúdicas y terapéuticas; productos como FirmTech (Doc Johnson) aparecen en fichas comerciales como “FDA registered / medical device”. La FDA clasifica los dispositivos externos para rigidez/ anillos bajo el código de producto LKY (External Penile Rigidity Device), lo que implica requisitos específicos de control y documentación.
No obstante, la regulación y las advertencias médicas son claras: el uso prolongado o incorrecto de anillos constrictores puede provocar hematomas, daño tisular e, incluso, en casos extremos, gangrena. Por ello la guía regulatoria exige controles especiales y advertencias a usuarios y distribuidores sobre riesgos y tiempos de uso.
Privacidad, seguridad y debates éticos
La integración de dispositivos sexuales con apps, IA y servicios en la nube aumenta los riesgos de privacidad. Lovense y otras marcas han tenido históricamente vulnerabilidades y reportes de privacidad , incluyendo incidentes de grabación o filtrado de datos, , por lo que expertos recomiendan cautela cuando juguetes y muñecas se conectan a ecosistemas en línea.
Además de la privacidad técnica, la presencia de sexrobots con IA generó debates sobre ética, consentimiento simulado, impacto social y el límite entre bienestar y entretenimiento. Los medios internacionales cubrieron tanto el asombro mediático por la tecnología como preocupaciones prácticas sobre su uso y regulación.
La combinación de dispositivos clínicos aprobados, productos de consumo conectados y muñecas con memoria plantea una pregunta central: ¿cómo equilibrar innovación, protección del usuario y responsabilidad social? Reguladores, empresas y sociedad están obligados a dialogar para que la normalización no deje de lado seguridad ni derechos.
Mercado y perspectivas: crecimiento y consolidación
Los datos de mercado señalan una trayectoria de crecimiento sostenido: cifras agregadas públicas sitúan el mercado global de sex‑toys en torno a USD 46B en 2025 y estiman USD 49B en 2026, con un crecimiento impulsado por la adopción de dispositivos inteligentes, IA y aplicaciones en salud sexual. Analistas citan un CAGR cercano al 8, 8.4% en los próximos años.
Esta dinámica atraerá inversión, alianzas con el sector salud y mayor professionalización, pero también impondrá mayores exigencias regulatorias y de cumplimiento. Las empresas que busquen credibilidad probablemente optarán por certificaciones, ensayos y clearance regulatorios, como hizo Morari con su dispositivo Mor.
En resumen, el mercado se consolida entre oferta de consumo avanzado y soluciones con respaldo clínico, mientras que la normalización en ferias como CES facilita la visibilidad pero amplifica el escrutinio público y regulatorio.
CES 2026 dejó claro que el sextech ya no es solo una curiosidad: es una industria creciente que mezcla ocio, tecnología y salud. Desde muñecas IA hasta parches neuromoduladores, las innovaciones presentan oportunidades terapéuticas y comerciales, pero también exigen marcos claros para proteger a los usuarios.
El reto será compatibilizar innovación y seguridad: políticas regulatorias adecuadas, mejoras en ciberseguridad y transparencia comercial serán indispensables para que la promesa del sextech , mejorar el bienestar sexual, se cumpla sin sacrificar derechos y salud pública.
