El mundo de las relaciones sentimentales está en continua evolución. De entre los tipos de relaciones o formas de entender las relaciones amorosas hay una que en los últimos tiempos ha ganado visibilidad: el poliamor.
¿Qué es el poliamor? Si tuviéramos que dar una definición hablaríamos de una «filosofía sentimental»o, quizás, una práctica, que permite mantener varias relaciones sentimentales al mismo tiempo.
Para que la simultaneidad en las relaciones amorosas pueda recibir el nombre de poliamor es necesario que se dé una premisa y esa premisa es la siguiente: que exista conocimiento y consentimiento por parte de todas las partes indicadas. El poliamor no tiene nada que ver con la infidelidad. En él, conceptos como honestidad, respeto y comunicación sincera y abierta son conceptos fundamentales.
En este artículo vamos a hablar de las relaciones poliamorosas, de cómo han evolucionado éstas a lo largo de la historia, del concepto de No Monogamias Éticas (NME), de los tipos de poliamor existentes y, finalmente, de las diferencias que hay entre él y lo que se conoce con el nombre de relaciones abiertas.
Evolución histórica del poliamor
El poliamor no ha nacido de la noche a la mañana. Si echamos la vista atrás y revisamos la historia de muchas sociedades y culturas veremos que las relaciones no monógamas no son tan extrañas como pudieran parecernos desde nuestra óptica. Entre los indígenas americanos, por ejemplo, eran comunes y muy aceptadas las relaciones poliamorosas. Para ellos la exclusividad romántica carecía de importancia alguna.
Se sabe también que los faraones egipcios podían disfrutar de la compañía de múltiples esposas. ¿Privilegios de la realeza? No exactamente. O sí, pero tampoco del todo. Al fin y al cabo, se sabe que también entre clases sociales más bajas se daban este tipo de uniones sentimentales y eróticas.
El hecho de que un hombre pudiera tener diversas esposas también está recogido en diversas culturas asiática, del Medio Oriente y de África. En muchos de esos lugares, el hecho de tener varias esposas era un símbolo de estatus y de estar bien colocados económica y socialmente.
Fue la llegada de la Revolución Industrial y, sobre todo, del movimiento romántico, lo que hizo cambiar principalmente la percepción sobre las normas a las que debe ajustarse una relación sentimental. El amor romántico, asociado directamente con la exclusividad, triunfó. La literatura y el cine se encargaron de que fuera interiorizado socialmente y considerado lo normativo. Sólo los movimientos contraculturales de los años 60 y 70 (hippies y demás) promovieron relaciones más abiertas a través del concepto de amor libre.
El concepto de poliamor, sin embargo, no sería introducido en el lenguaje común hasta la década de los 90 del pasado siglo. Fueron las comunidades alternativas las que, a través de libros, fotos y grupos de apoyo, le fueron dando contenido y, con mucho esfuerzo, lo fueron normalizando.
En la actualidad podemos encontrar diferentes tipos de poliamor (de ellos hablaremos en un próximo apartado) y podemos constatar cómo la mayoría de ellos se encuentran inmersos en un continuo proceso evolutivo. La explosión de internet ha permitido que personas interesadas o atraídas por este tipo de uniones sentimentales tengan mucho más fácil contactar entre ellas y compartir experiencias. No son pocos los sitios webs y las aplicaciones que lo favorecen y facilitan y unos y otras son un excelente canal para ello. También son un tema habitual en muchos cursos de sexualidad y materia de estudio dentro del amplio campo de la sexología.
¿Qué se entiende por No Monogamias Éticas (NME)?
Hablar de poliamor implica hablar de otro concepto que ha emergido en los últimos tiempos. Nos referimos al de No Monogamias Éticas (NME) o, dicho de otro modo, a aquellas formas de relaciones sentimentales/sexuales que no se limitan a la monogamia. La característica principal de éstas es que implican un desafío a la exclusividad emocional y sexual propia de las relaciones monógamas.
El poliamor y, con él, las No Monogamias Éticas, no tienen nada que ver con la deshonestidad propia de la infidelidad o el engaño. Por eso, para poder hablar de No Monogamias Éticas es necesario que se den las siguientes circunstancias:
- Que se dé una comunicación fluida, sincera y abierta entre todos los miembros de la relación. Todos deben sentirse cómodos a la hora de expresar sentimientos, deseos y procupaciones. Sin transparencia no hay NME.
- Que entre los miembros de la relación se de un alto nivel de respeto. ¿Qué significa tener respeto en estas circunstancias? Principalmente, renoconer y valorar los sentimientos del otro. Para que ese respeto exista es imprescindible, también, que seamos honestos con nuestras intenciones y, por supuesto, también con nuestras acciones.
- Que los interesados sean flexibles y tengan la capacidad de saber adaptarse a la evolución que la relación pueda tener con el tiempo. Los miembros de una relación sentimental/erótica de estas características deben estar abiertos en todo momento a la renegociación de límites, de frecuencia de citas o de jerarquía.
- Que exista un alto nivel de autoconocimiento y de sinceridad con uno mismo. Hay que saber lo que se busca en una relación para evitar el caer en dinámicas insatisfactorias o tóxicas.
Sin duda, las prácticas no monógamas están llenas de retos. No es fácil moverse dentro de ellas. Sobre quien se adentra en una NME cargan los estigmas sociales y muchas presiones externas. La gestión de las emociones y, también, del tiempo, no es algo sencillo. Como hemos resaltado anteriormente, el que exista una comunicación fluida, sincera, abierta y constructiva es vital para quien decide apostar por las No Monogamias Éticas o por el poliamor.
Tipos de poliamor
Bajo el paraguas del término poliamor podemos encontrar diversas formas de relación. Las más habituales son las tríadas, las relaciones en red y las conexiones jerárquicas. ¿En qué consisten cada uno de estos tipos de relaciones poliamorosas? A continuación vamos a explicarlo.
La tríada o trío es una de las formas más comunes de poliamor. Dentro de ella, son tres las personas que se relacionan entre sí de forma romántico y/o sexual. La forma en que se estructuran los vínculos afectivos determina las diferentes dinámicas que puden darse dentro del trío. Lo habitual es que todos los miembros se involucren emocional y sexualmente.
Este tipo de relación poliamorosa puede ser de dos tipos: simétrica o asimétrica. En el primer caso, todos los miembros tienen las mismas conexiones entre sí. En el segundo, la fortaleza de los vínculos es más fuerte entre unos miembros que entre otros. La flexibilidad es, en este sentido, una garantía de que las experiencias que se den dentro de la tríada puedan ser muy ricas y variadasl, aunque siempre hay que tener presente el gran enemigo que puede surgir dentro de una relación de estas características. Ese enemigo no es otro que los celos. Los conflictos que se derivan habitualmente de este tipo de sentimientos son la carcoma que puede arruinar una relación poliamorosa a tres bandas.
Otra forma de relación de poliamor es la que se conoce como relación en red. Al contrario de lo que sucede con la tríada, aquí no todos los miembros deben estar involucrados entre sí. Por explicarlo de un modo más práctico diremos que, imaginando una red formada por A, B y C, puede ser que A tenga relación con B y C pero estos no tengan relación entre sí. La variedad de conexiones emocionales puede ser muy amplia en este caso, en el que es de vital importancia fijar límites claros y, por supuesto, poseer una firme voluntad de trabajar codo con codo a la hora de resolver cualquier conflicto que pudiera surgir dentro de la dinámica de la relación.
La tercera forma de relación poliamorosa que hemos querido destacar en nuestro artículo son las relaciones poliamorosas jerárquicas. Como su propio nombre indica, dentro de las relaciones que se producen entre los diferentes miembros se establece una determinada jerarquía.
En este modelo, lo más habitual es que exista una pareja primaria que mantiene un vínculo más fuerte o duradero. Frente a ella, los que se establecen con el resto de miembros del grupo son más flexibles y exigen un compromiso menor. Lo habitual, aquí, es que una persona mantenga una relación fuerte y a largo plazo con su pareja principal y, al mismo tiempo, mantenga relaciones de carácter secundario y con menor compromiso con otras personas.
Una relación de estas características exige que se manejen adecuadamente las expectativas. Si no se mantiene una comunicación abierta y fluida y no se interioriza y acepta la jerarquía, lo más probable es que surjan los celos. Y siempre debemos tener presente que estos no son buenos para ningún tipo de relaciòn, ni para las monogámicas ni para las no monogámicas.
¿Es lo mismo el poliamor que las relaciones abiertas?
El concepto poliamor está cargado de muchos mitos y tópicos que no siempre responden a la verdad. Uno de ellos es el de creer que poliamor y relaciones abiertas son lo mismo. Y no lo son. Entre ambos existen diferencias significativas.
Tal y como hemos apuntado al inicio de este post, cuando hablamos de poliamor estamos hablando de una práctica consistente en mantener al mismo tiempo varias relaciones amorosas de un forma consensuada. La relación abierta , por su parte, sería aquel tipo de relación sentimental en la que una pareja estable permite que uno o ambos miembros de la misma tengan relaciones sexuales con otras personas.
Aunque a simple vista ambas situaciones pueden parecer idénticas no lo son. Para empezar, en el poliamor existe una conexión emocional profunda. En una relación abierta ese vínculo no se da. La conexión es más superficial y más ligada de forma exclusiva a lo sexual.
La intención que se persigue en ambos casos también es marcadamente diferente. En el poliamor se busca, partiendo de un compromiso de honestidad y apoyo mutuo, un vínculo sentimental significativo con varias parejas. La relación abierta, por el contrario, huye de ese compromiso emocional y se plantea como una especie de exploración sexual.
El punto de contacto entre ambas sensaciones, aquello que hace que muchas personas las confundan, es que ambas ofrecen alternativas a las relaciones monógomas tradicionales. Eso sí, como hemos visto, cada una a su manera.
