Hay muchas maneras de disfrutar de la sexualidad. Unas son más suaves y otras más duras, unas más soft y otras más hardcore. De estas segundas vamos a hablar en este post dedicado al sexo duro. En él explicaremos en qué consiste, cuáles son las formas que puede adoptar, qué relación guarda con el BDSM y realizaremos un resumen de los riesgos que se pueden correr al practicarlo.
¿Qué se entiende por sexo duro?
Intentar definir qué es el sexo duro implica enfrentarse a una pregunta que no tiene una respuesta sencilla. La pregunta es: ¿dónde está el límite entre lo que es duro y lo que no lo es? Cada uno de nosotros percibimos la sexualidad de una manera distinta. Así, lo que para una persona puede resultar duro para otra puede ser normal. Teniendo en cuenta esto, vamos a intentar delimitar los márgenes de lo que podría considerarse el sexo duro.
El sexo duro puede ser entendido como un tipo de relación sexual en la que se da una mayor intesidad y agresividad (tanto en el sentido físico como en el verbal) que en aquellas relaciones consideradas por la mayoría de la gente como «normal».
Para que esa relación intensa y, en cierta medida, agresiva, pueda ser considerada sexo duro y no abuso o violación debe darse en ella una premisa: el nivel de agresividad e intensidad de la misma debe haber sido consensuado previamente. Es decir: las dos personas deben estar de acuerdo en vivir esa relación sexual de ese modo.
Puede considerarse que una relación es de sexo duro cuando en ella confluyen algunos de los siguientes elementos:
- La intensidad física es mayor, o sea: los empujes de penetración son más profundos, el ritmo es más rápido, casi no existen caricias y la forma de agarrar a la pareja es más fuerte. En cierta medida, los preliminares largos tienen poca cabida en este tipo de relaciones sexuales y el follar se vuelve un poco salvaje.
- Golpes suaves o moderados.
- Lenguaje más crudo. El hablar sucio o dirty talk le sienta de perlas a esta forma de follar.
- Posible presencia de un juego de poder propio del universo BDSM. El sexo duro puede formar parte de una sesión de juego de Dominación/sumisión.
- Mordiscos, tirones de pelo, azotes…
Como hemos indicado anteriormente, todas estas acciones o prácticas deben haber sido pactadas y aceptadas por ambas partes.
Prácticas que para muchas personas son sexo duro
Aunque anteriormente hemos señalado que el límite entre el sexo normal o «vainilla» y el duro es una frontera que no está muy bien definida, vamos a señalar una serie de prácticas que, para la mayoría de la gente, entrarían dentro de la categoría del sexo hardcore.
El follar rápido, sin prestar atención a la suavidad, empujando con fuerza en la penetración y cambiando bruscamente de postura podría entenderse como propio de esta forma de disfrutar de la sexualidad.
En lo referente a las posturas sexuales, la postura del perrito (llamada también a cuatro patas) está muy asociada a este tipo de prácticas, sobre todo si el hombre agarra con fuerza las caderas o la cintura de la mujer y la penetra con fuerza. Si la penetración es anal y es realizada con fortaleza y ritmo especial, la práctica adquiere un rango mayor dentro de la categoría del sexo duro. La penetración anal debe realizarse con una buena lubricación. Los lubricantes sexuales son siempre imprescindibles para gozar como es debido con este tipo de prácticas.
La penetración doble con pene y juguete o con varios juguetes entraría también dentro de este tipo de relaciones sexuales. Las combinaciones en este caso pueden ser muy variadas: pene en vagina y juguete en ano, pene en ano y dildo o vibrador en vagina, dildo vibrador en ambas zonas…
Los azotes en nalgas o muslos, los tirones del pelo (algo que encuentra fácil combinación con la penetración desde atrás en la postura del perrito), los mordiscos moderados o el empotrar a la pareja cuando se la está penetrando contra la pared o la cama son, también, prácticas o acciones sexuales consideradas de rango hardcore.
La práctica denominada garganta profunda (es decir: meter el pene de forma intensa y profunda en la boca de la pareja, hasta llegar a la garganta) también se entiende que forma parte de este tipo de prácticas, así como algunas prácticas cercanas o propias del BDSM como podrían ser:
- Atar las muñecas con cuerdas, pañuelos, correas o esposas.
- Prácticas de estrangulación ligera o agarre del cuello.
Los riesgos del sexo hardcore
El incremento de la intensidad física al follar y el habitualmente mayor contacto de fluidos incrementa notablemente los riesgos del sexo duro. Los más habituales son:
- Desgarros y/o heridas en vagina, ano o pene. El uso de juguetes sexuales muy grandes y las penetraciones vigorosas, especialmente las anales, pueden provocar fisuras, irritaciones, microfisuras, etc.
- Daños en testículos o pechos, así como en riñones, articulaciones o columna vertebral debido a golpes mal dirigidos, azotes mal realizados, torsiones o golpes excesivamente violentos.
- Quemaduras con cera o materiales calientes si realizan prácticas BDSM.
- Lesiones internas más intensas derivadas de prácticas como el fisting. Esta práctica, consistente en insertar el puño en la vagina o el ano, puede dañar el esfínter, provocar perforaciones, causar problemas intestinales o derivar en casos graves de incontinencia anal.
- Pérdida de conciencia o padecimiento de problemas cardiovasculares provocados por prácticas como la asfixia erótica o el uso de la electroestimulación.
Junto a estos riesgos, derivados principalmente de la intensidad propia del sexo duro, hay otros que guardan relación directa con el concepto de Enfermedad de Transmisión Sexual o ETS. Está demostrado que las prácticas sexuales hardcore están íntimamente relacionadas con el mayor porcentaje de contagio de enfermedades como el VIH, las hepatitis B y C y otras ETS.
El uso de objetos no diseñados para el uso sexual incrementa el riesgo de provocar heridas y, con ello, el de que puedan producirse infecciones tanto locales como sistémicas.
Finalmente, destacaremos en este apartado que hay quienes suman a los riesgos propios del sexo duro los de combinarlo con el consumo de determinadas drogas como pueden ser los poppers o la metanfetamina o, simplemente, el alcohol. En este sentido, la práctica del chemsex o slamsex (es decir: el mantener relaciones sexuales en grupo tras haberse inyectado algún tipo de droga) resulta especialmente arriesgada. Todas estas acciones, más allá del riesgo físico que conllevan, incrementa la posibilidad de perder el control sobre los propios actos y, por tanto, sobre el consentimiento.
Precauciones para practicar sexo duro
Sabidos los riesgos, debemos prestar atención a las precauciones que debemos tomar si queremos practicar sexo duro.
La primera de ellas, imprescindible, es hablar y acordar los límites. Quienes van practicar una modalidad sexual hardcore deben saber qué se puede hacer y qué no dentro de la relación. Aclarados y establecidos los límites, hay que escoger una palabra de seguridad (esto es muy propio del BDSM) que sirva para decir: «no quiero seguir más adelante».
La segunda precaución se basa en el control de la intensidad, del tamaño de los juguetes que vayan a utilizarse y de la fuerza de los golpes (si se dieran). La acción debe desarrollarse en un «in crescendo» gradual y medido.
Utilizar lubricante, ya lo hemos dicho anteriormente, es imprescindible en los casos de sexo anal y, por supuesto, en la práctica de sexo extremo del fisting. En ningún caso debe experimentarse dolor punzante, un sangrado o la sensación de «rasgarse». Si se experimenta esa situación, debe detenerse la práctica de inmediato.
Usar en todo caso preservativo, en especial si se va a practicar sexo en grupo. El condón debe ser cambiado cada vez que se cambia de pareja o, en su caso, de orificio, en especial si se acaba de realizar una penetración anal y se pretende realizar a continuación una vaginal.
Otra de las precauciones a tener en cuenta es la de elegir siempre juguetes diseñados específicamente para uso sexual. Los sextoys deben ser limpiados y desinfectados después de cada uso. Utilizar objetos caseros como juguetes sexuales puede ser muy divertido pero también puede entrañar ciertos riesgos. En cualquier caso, siempre debe revisarse que los instrumentos que vayan a utilizarse no tengan bordes cortantes que puedan producir heridas.
Finalmente, queremos hacer hincapié en el hecho de que es preciso extremar las precauciones en determinadas prácticas como pueden ser el fisting, el flogging, los azotes, la tortura genital o CBT, la electroestimulación, el uso de cera caliente o la asfixia erótica.
Y, para terminar, recuerda que la combinación de drogas y alcohol con la práctica sexual puede parecer, a priori, muy divertida, pero acostumbra a ser fuente de serios problemas. Por eso recomendamos evitar el consumo de alcohol y de drogas antes de mantener relaciones de sexo duro o, en su defecto, minimizar dicho consumo.
